• Dra. Raquel Campos

LAS PALABRAS Y SU PODER TERAPÉUTICO O DAÑINO

El lenguaje. Nuestro vehículo de comunicación. Tan importante y muchas veces tan poco cuidado.


Los seres humanos nos comunicamos verbal y no verbalmente. Somos seres sociales y cómo tal la comunicación forma parte de nuestro ser.

Hablamos, susurramos, gritamos, callamos, oímos, escuchamos y a veces entendemos. Por eso, no tan solo lo qué decimos, sino como, a quién y cuando lo decimos, nuestras palabras pueden ser un punto de inflexión, siendo terapéuticas o muy al contrario dañinas



En el ámbito sanitario tan importante es un diagnóstico y su tratamiento como el poder comunicarnos tanto de forma activa como pasiva.


ALGO DE HISTORIA

Desde nuestros ancestros, ya en la prehistoria, hemos necesitado la comunicación con nuestros iguales, y a través de los signos, las señales y el lenguaje establecemos vínculos con los que nos rodean, o con los que nos leen, sobretodo en esta era digitalizada. La comunicación no verbal tiene la fuerza de despertar unas u otras emociones, y de hecho, probablemente esto provenga de nuestros ancestros prehistóricos, ya que el desarrollo del lenguaje verbal fue más tardío que las señales, los signos, los gestos. Con el lenguaje, oral y escrito mejora la comunicación, teóricamente.


El primer alfabeto corre a cargo de los fenicios, alrededor del 1000aC. Pero antes de éste ya existían sistemas de símbolos para comunicarse, como los pictogramas (por ejemplo, los jeroglíficos egipcios o los códices mayas) o los ideogramas (como los caracteres o kanji japoneses y chinos).



Con la escritura pasamos de la tradición oral al legado escrito, transmitiendo así conocimientos, tradiciones, literatura, doctrinas, enseñanzas al fin y al cabo.

Gracias al lenguaje escrito la comunicación se expandió más allá de los contactos cercanos, inicialmente gracias al correo postal y posteriormente gracias a los diversos medios de comunicación, prensa, radio, televisión, INTERNET. Hasta la actualidad y las redes sociales.




En consulta, dentro de nuestro papel como profesionales de la sanidad, la comunicación, tanto activa como pasiva es de vital importancia. Nuestro lenguaje no verbal transmite más de lo que nuestras palabras dicen y el mantener una escucha activa tiene un poder terapéutico más que conocido. Muchas veces un correcto diagnóstico y un correcto tratamiento pueden ser no tan eficaces si no se acompañan de la comunicación médico-paciente adecuada, y a menudo una mala comunicación puede ser fuente de malos entendidos.


Y no tan solo lo que comunicamos, sino cómo se recibe la información, la receptividad del paciente puede también modificar la respuesta a dicho mensaje. No debemos olvidar que la comunicación se da entre dos sujetos, con un bagaje en sus espaldas que va a influir en el mensaje final, tanto el mensaje emitido como el mensaje recibido.

El lenguaje no verbal (la entonación, el lenguaje paralingüístico o el kinésico, es decir nuestro lenguaje corporal) nos contextualiza la carga significativa de lo que queremos comunicar, y como tal tiene un gran poder. Pero en el lenguaje escrito, esta comunicación no verbal no existe, por lo que ese mensaje va a depender más del receptor que del emisor.


Es por eso que cuando damos una información escrita actualmente en las redes sociales por ejemplo, dependiendo de la situación del receptor, podemos estar produciendo un efecto placebo “sanador” o un efecto nocivo y con probablemente unas repercusiones que no sabemos. A veces vemos de manos de profesionales opiniones, que por el hecho de ser transmitidas por profesionales precisamente, tienen un valor, pero si dichos mensajes no son validos en su totalidad, o tienen un matiz desviado de la realidad, si no se contrarresta o cae en un receptor susceptible, puede ser fuente de un daño.



El o la paciente suele ser alguien vulnerable a las palabras. Tener cuidado de las mismas, sin ánimo aleccionador o paternalista, por parte del profesional, ni tampoco culpabilizador hacia el/la paciente, tanto en consulta como en las redes sociales, pero tampoco demonizador en referencia a otros profesionales de la salud y a su actividad, es vital, ya que las palabras, en la comunicación escrita, vehiculan una respuesta sobretodo emocional para el que las lee. Y si la persona receptora es susceptible podemos hacerle un gran bien, pero también un gran mal.


En definitiva, tenemos el poder de las palabras. En nuestra mano está el buen uso terapéutico de las mismas. Y en nuestra mano está también el ser críticos con la información recibida. No siempre el mensaje de nuestras palabras es recibido de la misma manera. En el diálogo presencial tenemos la gran herramienta del lenguaje no verbal, pero en las comunicaciones digitales, esa letra pequeña no siempre se emite o se recibe.


Un saludo y en estas fechas sobretodo, precaución social, positividad, y equilibrio emocional y salud para tod@s.




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